domingo, 20 de marzo de 2005

La bebida de los peruanos

El emoliente es, a no dudarlo, la bebida que caracteriza a las noches y madrugadas de nuestra ciudad y de muchas otras del interior del país. En esos momentos del día, gran cantidad de esquinas limeñas son tomadas por los emolienteros, que al lado de sus tradicionales carretillas blancas cargadas de botellas y ollas con líquidos hirvientes aguardan a sus acostumbrados parroquianos en busca de energía para enfrentar las labores cotidianas.


Quienes consumen emoliente lo hacen generalmente por costumbre y porque son conocedores de sus virtudes. La mayoría cree en sus propiedades curativas y lo toma además como una bebida energizante para comenzar un día de trabajo. Es más, para algunos es el desayuno o lonche, y lo acompañan con pan con queso o huevo, incluso con pollo o chicharrón.

La chica del emoliente

A las seis de la mañana Vilma ya está instalada en su puesto de la avenida República de Panamá y aparecen los primeros clientes. El clima es cálido y todos exigen el emoliente tibio, nomás. Algunos lo piden para llevar y la joven vierte el brebaje en bolsitas plásticas. Los clientes piden además pan serrano “made in Lima” para completar el desayuno. Tres soles cincuenta es lo que se paga. Después de la respectiva “yapa”, cada uno toma el ómnibus y se dirige a su respectivo puesto de trabajo.

El emoliente se bebe no solo en Lima, sino en todo el Perú. Aunque en cada región los ingredientes varían. “En Lima el emoliente se toma con linaza –declara Vilma –, pero en Cusco nadie lo hace así”. Y mientras que en las provincias todos lo beben, en la capital lo consumen aquellos que han sido educados en la tradición de tomarlo.

Aún así, el emoliente es una tradición en Lima y casi todos los conocen.

“Pocos son los universitarios que beben emoliente. No les han enseñado”, indica Vilma, mientras ve a los jóvenes estudiantes avanzar a la universidad y mirar su puesto con indiferencia. No todos se aventuran a probar aquel extraño brebaje, hecho de distintas hierbas.

El aprendiz de emolientero

Desde que llegó a Lima en 1968, Daniel aprendió a hacer esta bebida mientras trabajaba con un emolientero. Era casi un niño entonces y recién había llegado a la capital desde Cajamarca. Sin embargo, rápidamente aprendió cómo mezclar las hierbas y reconoció sus propiedades. Cuando su maestro murió, él tomó la posta y siguió trabajando en una esquina de la avenida Bolívar en Pueblo Libre.

Los años pasaron y el emolientero fue y sigue siendo testigo de las transformaciones de Lima desde su misma esquina, aunque vive en Ventanilla. Ahora uno de sus hijos, el menor, es su asistente y él es el maestro. “Todos mis hijos saben hacer emoliente”, explica mientras con la habilidad adquirida en años de trabajo despacha un vaso de la fortificante bebida. Un joven trabajador recibe el vaso de vidrio. Toma un desayuno acompañado de pan.

Para hacer emoliente, Daniel y otros colegas se levantan entre la 1 y las 2 de la mañana. Por una hora se hierven la manzanilla, hierba luisa, cola, perejil y un poquito de menta. También se le puede echar piña u otras frutas. Todo depende del gusto particular de cada uno. Por separado se hacen la linaza, la alfalfa, el hercampuri, la uña de gato y la achicoria. Estas hierbas tienen que ser hervidas y luego de que el líquido enfría se licúan.

Por la salud, hermano

Se dice que el emoliente tiene distintos beneficios para el hombre. La causa de ello, es justamente que está hecho de diferentes hierbas utilizadas para sanar enfermedades. Uno de los clientes de Daniel revela que viene todas las mañanas por su caliente bebida porque está mal del hígado. Asegura que desde que lo toma su salud ha mejorado y seguirá haciéndolo aún cuando se sane.

Al respecto, Delia Arica, dueña de una tienda de productos naturales, afirma que el emoliente tiene distintas propiedades. “Es bueno para desinflamar, sobre todo para las personas que tienen una actividad física constante, para los que caminan mucho” , explica. Por otro lado, el hercampuri es bueno para el hígado y como desinflamante. Se cree que la achicoria es útil contra la diabetes y previene males a la vesícula. A su vez, la linaza es buena para los riñones, mientras la alfalfa es utilizada contra los males respiratorios.

El emoliente es una bebida tomada en todo el Perú. Y Lima como resumen del país es fiel testigo de ello. No importa si se utiliza con fines medicinales, para sacar fuerzas antes de trabajar o solo para calentarse una mañana cualquiera, este tonificante brebaje nos aguarda en la esquina menos pensada.

Publicado en www.Redaccionline.com March 16 2005