sábado, 10 de septiembre de 2005

Cuando la muerte no se olvida

Ayacucho significa "Rincón de los Muertos", y fue justamente en uno de esos rincones donde se registró una de las matanzas que más resonó en la opinión pública limeña durante los años de violencia interna que sacudió al país. Ocho periodistas, su guía y un campesino encontraron la muerte en la comunidad de Uchuraccay y la verdad sobre los hechos aún se esconde ella.

A lo largo de 20 años, diversas versiones se han tejido en todo a los sucesos del 26 de enero de 1983, cuando los periodistas Jorge Sedano (Diario La República), Eduardo de Piniella (Diario Marka), el Willy Reto (Diario El observador), Pedro Sánchez (Diario Marka), Amador García (Revista Oiga), Jorge Luis Mendivil (Diario El Observador), Félix Gavilán (El diario Marka), Octavio Infante (Diario Panorama de Huamanga), su guía, Juan Argumendo, y el comunero Severino Huascar, fueron muertos a palos, pedradas y machetazos por los comuneros de Uchuraccay.

Después del linchamiento, los cuerpos de los terroristas fueron enterrados al costado de la capilla del poblado. El guía, Juan Argumendo, después de ser capturado en su casa, fue asesinado y su cuerpo desapareció, al igual que el del comunero Severino Huascar, presunto terrorista.

El camino a la muerte

Los periodistas, se dirigían a Huaychao en Ayacucho, a investigar la muerte de siete senderistas en manos de comuneros de la zona. Para llegar a dicha población tenían que pasar forzosamente por Uchuraccay, donde los comuneros los confundieron con terroristas, pues precisaron que “los extraños” portaban una banderola roja con la hoz y el martillo, símbolo irrefutable de Sendero Luminoso.

Esa es probablemente la versión más conocida del caso, sin embargo, la verdad aún resulta esquiva, a pesar que los años de temor ya quedaron oficialmente atrás. Los familiares de las víctimas e senderistas no creen que haya habido realmente una bandera roja. Los deudos aseguran que la bandera encontrada fue una prueba fabricada.

En esos años Sendero Luminoso, iniciaba su política de muerte y destrucción en el departamento de Ayacucho, y todavía los ataques terroristas no angustiaban a los limeños.

El grupo terrorista se estableció en los poblados de Huanta bajo el mando del camarada "Martin" en mayo de 1982. Desde esos momentos Uchuraccay y otros pueblos de la zona se vieron arremetidos por el temor a las huestes del “Presidente Gónzalo".

Sin embargo, los pobladores de la sierra peruana, tuvieron que enfrentar por esos años, otra amenaza, igual de destructora. Las Fuerzas Armadas, llamadas a protegerlos, no entendieron la dimensión real de la tragedia que representaba Sendero Luminoso en la historia de nuestro país. Consideraban que casi todos los campesinos eran terroristas en potencia, sin excluir niños y mujeres, por lo que muchos miliares no dudaron en aniquilarlos.

No obstante, las Fuerzas Armadas reconocieron que era mejor tener de aliados a los pobladores. Es por ello que los Infantes de Marina mantenían contacto casi diario con los comuneros de las alturas de Ayacucho. Poco antes de la tragedia el entonces presidente de la República, Fernando Belaúnde Terry, saludó la muerte de los siete terroristas en manos de huaychainos, y los calificó de defensores de la democracia. Se creía que había una colaboración entre las fuerzas del orden y la población andina, que podría hacerle frente a la subversión.

La primera comisión

Debido a las posibles implicancias internacionales de la muerte de periodista en dudosas circunstancias, el primer mandatario, conformó la "Comisión de Investigación de los Sucesos de Uchuraccay", liderada por el escritor peruano, Mario Vargas Llosa. La comisión investigadora inició su labor el 28 de enero del mismo año, y concluyó un mes después.

Dicha comisión tuvo dos grandes inconvenientes. En primer lugar, los comisionados, solo estuvieron cuatro horas en Uchuraccay. Con tan poco tiempo, resultó difícil, sino imposible que se dieran una idea de los acontecimientos.

El segundo problema que enfrentó la comisión de 1983, fue el idioma, pues la mayoría de la población era quechua hablante y muy pocos conocían el español.

A pesar de ello, se presentó un informe en el que se culpaba de la muerte de los periodistas y dos comuneros, a la sociedad en general. En ella se precisó que probablemente en la matanza, los uchuraccainos hayan contado con la colaboración de poblados vecinos, y que los comuneros actuaron instigados por las fuerzas armadas.

Al respecto los medios de la época, indicaron que la Infantería de la Marina advirtió a los campesinos que cualquier extraño que venía por tierra era un potencial terrorista, mientras que la ayuda solo venía desde el cielo.

Después de entregado el informe de la Comisión de Investigación de la los Sucesos de Uchuraccay, se inició un lento procesos judicial en Ayacucho. El encargado del caso, fue el juez Ad Hoc, Juan Flores Rojas.

El informe presentado por Flores Rojas acusaba a 17 comuneros del crimen. En él también se denunció la falta de apoyo para cumplir con la orden de captura de los acusados.

Debido a estas y otras irregularidades, el caso fue trasladado a Lima donde se responsabilizó de la muerte a los campesinos y fueron condenados en ese entonces 3 de ellos; Dionisio Morales Pérez, Simeón Auccatoma Quispe, Mariano Ccasani Gonzáles. Sin embargo los presuntos autores intelectuales, los “instigadores” no recibieron castigo alguno.

Los indicios presentados por la prensa de la época sobre la responsabilidad del Comando Político Militar de Ayacucho en la matanza de los periodistas, hizo que el Poder Judicial abriera proceso contra algunos militares. Entre ellos, el General de División Ejército Peruano, Clemente Noel Moral, en ese entonces Jefe del Comando acusado de inducir a los campesinos a rechazar violentamente a los senderistas, fue considerado el presunto autor del delito de Abuso de Autoridad. Sin embargo, más de seis años después de la muerte de los periodistas, los cargos contra Noel Moral prescribieron, y los campesinos siguieron en la cárcel.

Los nuevos indicios

El periodista Ricardo Uceda en su libro, Muerte en el Pentagonito hace referencia al caso de Uchuraccay. Para su obra se entrevistó con el Camarada Juan, uno de los líderes terroristas que tenía a su cargo el control de la zona, además del Camarada Martin, quien fuera asesinado por comuneros.

En esa entrevista, el miembro de Sendero Luminoso, explicó que los pobladores de Uchuraccay, no se dejaban amilanar por el grupo terrorista, y que por el contrario se les enfrentó.

El camarada Juan indicó que tras la muerte de siete terroristas en Huaychay, él y los que huyeron se replegaron a las alturas de Balcón, comunidad amiga de los terroristas. Desde allí se distinguía el camino a Uchuraccay, donde aseguró que la zona era frecuenta por el Ejercito y la Marina. Precisó que los helicópteros subían y bajan todos los días.

El militante senderista afirmó ver a los periodistas cuando se dirigían a pie a la comunidad de Uchuraccay. El camarada sostuvo que el presunto periodista vinculado con los senderistas, Octavio Infante, no se había contactado con él, y que se le debería de haber consultado de querer una entrevista.

Asimismo el dirigente terrorista indicó que conocían al guía de la expedición, Juan Argumedo, y que sin embargo no habían coordinado ninguna reunión. El camarada, recibió la información de que los periodistas iban a Huaychay a realizar una investigación, por lo que los dejo pasar. Sostuvo que nunca vio la banderola roja que se decía, portaban los periodistas.

El informe de la CVR

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación, consideró la matanza de Uchuraccay, como uno de los más importantes casos ocurridos en el primer quinquenio de la violencia terrorista.

Sin embargo, tal y como sostuvo Salomón Lerner, quien presidió dicha comisión, la tragedia de Uchuraccay, no solo se restringe a la muerte de los 8 periodistas, y dos comuneros más. Además de ellos, Sendero Luminoso, como represalia por los terroristas ejecutados en Huaychao tuvo tres incursiones en el poblado ayacuchano.

La CVR en el junio del 2002 dio a conocer la lista de 135 comuneros muertos o desaparecidos misteriosamente en los meses siguientes a la matanza de los periodistas, durante las incursiones senderistas.

Estos son muertos que no son recordados a menudo, y que solo quedan registrados en los cuadernos de la CVR, pues los medios de comunicación no le dan prioridad. La gente olvida que no solo fueron aquellos periodistas los únicos mártires de Uchuraccay. No recuerdan que además de ellos, muchos otros peruanos de las zonas más oprimidas de nuestro país también son víctimas, y sin embargo solo quedan en los anales de la historia.

Actualmente el caso de Uchuraccay, sigue vivo. El presidente de la Comisión de la Verdad en Ayacucho indicó explicó que los nuevos testimonios sobre lo sucedido el 26 de enero de 1983, han hecho que el caso sea reabierto, pues este no había prescrito, al ser archivado con proceso abierto y los expedientes han sido recuperados.

Sin embargo el nuevo poblado de Uchuraccay se mantiene ajeno. Recién después de 20 años, sus otros muertos, aquellos no tan famosos fueron reconocidos. Y a pesar del tiempo, el olvido de la comunidad sigue siendo una constante. Las autoridades solo se acuerdan de ella, los 26 de enero de cada año, cuando familiares, periodistas, políticos y oportunistas recuerdan a los mártires del periodismo. Allí se realizan actividades frente a los comuneros uchuraccainos, en sus tierras, pero ello son los más ignorados.

La tragedia de Uchuraccay debe ser siempre recordada, pero no solo por la labor de los periodistas, que como Willy Reto y los otros continuaron trabajando por la verdad, aún minutos de la muerte. También se debe recordar a aquellos no tan conocidos.

Recordar que la indiferencia fue uno de los abonos más importantes que alimentó a las huestes de Abimael Guzmán. Esa indiferencia que aún sigue viva, y que tal como las aguas que cubren las fosas de Uchuraccay, reflejan lo resquebrada que puede estar la sociedad peruana.