domingo, 15 de mayo de 2011

Humala o Keiko: Una segunda vuelta con sabor a derrota



Desde el 10 de abril, el pesimismo se siente en el ambiente limeño. El futuro parece tan gris como la acostumbrada panza de burro que se cierne sobre la capital peruana. De la primera vuelta, solo han quedado dos candidatos, y ninguno de ellos genera confianza entre la población. Por el contrario, son lo que más antivotos generan. Por un lado, el líder nacionalista Ollanta Humala. En la otra esquina, la heredera del fujimorismo, Keiko Fujimori. Gane quien Gane las elecciones, hay una sensación de que el único perdedor será el Perú, falta saber si será en lo económico o en lo moral. Eso se decidirá el 5 de junio.


Vayamos por partes y cucharadas.


El 10 abril, los peruanos ejercimos nuestro derecho al voto, en una de las elecciones más agitadas que recuerde. Fueron varios los contendores, aunque solo cinco (cuatro en realidad) eran considerados como los que tenían opciones para convertirse en el próximo presidente del Perú. ¿Cómo así tuvimos a los dos menos queridos disputando la final? Pues existen varios factores. Por un lado, tres candidatos se pelearon los votos que podrían haber significado la llave a la segunda vuelta. Son tres los grandes culpables.


Uno de ellos era Luis Castañeda Lossio, exalcalde de Lima, que pasó de liderar las encuestas a obtener menos de dos dígitos según los resultados finales de la ONPE. Solo consiguió el 9.8% de los votos, demostrando nuevamente que un alcalde limeño no puede ser presidente del Perú.
El segundo es Alejandro Toledo, ex presidente de la República, quien durante casi los cinco años del gobierno de Alan García se la pasó de gira en el extranjero, dando charlas en prestigiosas universidades, y regresó solo unos meses antes de la contienda electoral. Pensó que las cifras en azul en su primer gobierno, serían suficientes para brindar con etiqueta azul en Palacio. Sin embargo, el “cholo sano y sagrado” solo obtuvo el 15.6% de los votos.


El tercero es Pedro Pablo Kuczynski, quien lideró la Alianza por el Gran Cambio. Haciendo uso de una excelente campaña propagandística, el expresidente del Consejo de Ministros y exministro de Economía de Toledo, consiguió conquistar el voto joven “educado” de Lima. Con el PPKuy se convirtió en el outsider de las elecciones, pero solo fue capaz de conquistar en parte la capital peruana. “El gringo atrasador” no logró conectar con las provincias y se quedó con el 18.5% de los votos. Nada mal, considerando sus años, el racismo, y su poca experiencia en índoles electorales.
Estos tres candidatos, que representaban continuar con un modelo económico estable, consiguieron juntos el 44.004 % de los votos a nivel nacional, un 44.004% que ahora no sabe por quién votar, un 44.004% que debe elegir entre “el cáncer y el sida”, aunque personalmente lo veo como “la hoguera y la silla eléctrica”.


Pero si estos tres señores, hubieran dejado de lado sus ambiciones personales, y concertado, declinando algunos sus candidaturas, probablemente la final sería otra. No obstante, la realidad sería la misma. El otro de los factores que nos han llevado a esta segunda vuelta es lo poco que se ha percibido el progreso económico entre las poblaciones más pobres de nuestro país. (Muy recomendable el post del Utero.pe “No han ganado los ignorantes…”)



Las elecciones han demostrado, entre otras cosas, que un 31.7% de los peruanos no está de acuerdo con el modelo económico que significa cifras de 10% de crecimiento del PBI, pero con desnutrición, niños en las calles, niños que mueren de frío en Puno, jóvenes que trabajan como guardianes de edificios de lujo en Lima por 10 horas y reciben un salario de 800 soles, sin opción a estudios, sin opción a nada mejor. Ellos han votado por Ollanta Humala, quien ofrece un cambio… no sabemos bien a dónde (tememos lo peor), un cambio deseado sobre todo en el sur del Perú, bastión del humalismo, y que ojo, puede encender la mecha en cualquier momento.


El 10 de abril también quedó demostrado (nuevamente) que el Perú es un país con Alzheimer. Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, sentenciado por crímenes de lesa humanidad y que estuvo al mando de un gobierno corrupto que supuso el liberalismo más salvaje, obtuvo el 23.5 % de los votos. Se trata de un voto duro, un voto casi inquebrantable, que obtiene su fuerza de dádivas, de populismo puro, de la imagen del “chinito” que derrotó al terrorismo (Señores, fue el GEIN!), y para quienes los derechos humanos son una cojudez. La idea de Keiko en Palacio de Gobierno es como si alguna de las hijas de Pinochet ocupara La Moneda.


Sin embargo, estas son las dos opciones para la segunda vuelta. Se presume que Lima y el norte del Perú, serán los lugares en donde Ollanta y Keiko, deberán afilar sus espadas. Hasta el momento, la prensa ya eligió a su opción, el nerviosismo económico (terror financiero lo llamaríamos) hace que muchos prefieran el color naranja al rojo. Mientras Humala trata de moderarse, de quedar bien en el terno, sacarse a Hugo Chávez y a Andahuaylazo, y de paso tranquilizar a los sectores empresariales, Fujimori intenta convencernos de que no liberará a su padre, y que ella no es Alberto Fujimori. Lamentablemente la gente que la acompaña es la misma que conformó el entorno del expresidente, por lo que es imposible evitar que el temor aflore.


Aún quedan varias semanas para el desenlace del preludio de esta historia que en realidad empezará el 28 de julio. En medio del ambiente depresivo de los últimos días, el 44.004% que votó por PPK, Toledo o Castañeda debería recordar esta frase de V de Venganza: “El pueblo no debe tener miedo de sus gobiernos. Los gobiernos deberían temer al pueblo”.
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