lunes, 9 de junio de 2014

¿Sentir vergüenza por lo que leo?





En el portal Slate se publicó “Against YA”, una crítica en donde la autora, Ruth Graham, cuestiona el gusto por la literatura para jóvenes adultos (YA) entre los adultos bajo la pregunta de por qué debería sentir vergüenza de leer libros escritos para niños.


El artículo pretende hacer un cuestionamiento válido. En una sociedad en donde el hombre es cada vez más “Homo Videns” (Sartori) que “Homo Sapiens”, se buscan bienes sencillos de consumir y eso incluye la literatura.

Actualmente, se leen muchas novelas con poco argumento, que no son un desafío para el cerebro. Sin embargo, me pregunto: ¿Toda la literatura tiene que ser como la de Kakfa o Joyce? La literatura permite crear un mundo diferente, en donde nos identificamos con personajes e historias. Lo importante es disfrutar. ¿De qué vale leer algo si no lo disfruto?

Graham ataca a las novelas para jóvenes adultos, imagino pensando que todas son como “Crepúsculo”. Ella cuestiona específicamente la literatura que ha sido encasillada para jóvenes adultos en las librerías, y para el colmo las considera para niños.

Primer punto: niños no son iguales a jóvenes adultos. Dos: las etiquetas han sido dadas por las librerías para ubicar mejor a su público objetivo, pero no son definitorias.


¿Por qué pensar que la literatura para jóvenes adultos no te puede desafiar? ¿Por qué pensar que toda novela que tiene a jóvenes como protagonistas es exclusivamente para jóvenes? ¿Acaso El Diario de Ana Frank solo puede ser leído por adolescentes porque su protagonista lo fue?

Los libros, al ser releídos con el tiempo, permiten ver las cosas con una diferente perspectiva que no necesariamente es mala. Demian de Herman Hesse es completamente diferente al leerla a los 14 años que a los 24. Si una persona de 30 años quiere (re) leer El Principito, que lo haga, y si un treintón es seguidor de Harry Potter no tiene por qué avergonzarse.

La crítica velada de Graham es a la ciencia ficción, género siempre menospreciado entre los altos estándares de la literatura universal. Para muchos es imposible hacer alguna comparación entre un escritor como George R.R. Martin y Maquiavelo, cuando sus obras tratan al final de lo mismo, la conquista del poder.

Se puede criticar que en sí hay novelas más complacientes y que requieren menos esfuerzo, pero eso no es una característica exclusiva de la literatura para jóvenes. Sin embargo, siento en la crítica de Graham un esfuerzo por quedarse con la literatura de letras doradas.

La literatura clásica permanecerá siempre, porque contiene los arquetipos de las emociones humanas, que son universales. Pero aquellos clásicos como Shakespeare o Flaubert no serán los únicos. Cada generación traerá sus propios escritores, y algunos, los más universales, se harán un campo en el altar de las letras. Y aquellos que no lleguen al reconocimiento universal de un Nobel, pero que se sigan leyendo es porque lograron algo único, encontrar afinidad con un gran público, más allá del tiempo, del espacio. Si Harry Potter se sigue leyendo dentro de 30 o 100 años, entonces digamos que Oliver Twist ya encontró su sucesor. Y no, no es blasfemia.

PD: No tiene nada de malo, conservar el alma de niño, incluso en los libros. (Claro, mientras no te creas Peter Pan y de vez en cuando no le des un vistazo a la cruda realidad)
Publicar un comentario